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La Iglesia de San Antonio de Padua

La sentida realidad de Manuel de Gracia

Juan Foronda: "Sevilla es un oasisdentro del gran desierto del mundo"

Hospital de la Sangre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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La Iglesia de San Antonio de Padua
El Arte en Iglesias y Conventos
RETABLO MAYOR DISEÑADO POR BERNARDO GONZÁLEZ Y MATEO BERMUDO (1706).
Sus orígenes están vinculados al convento franciscano fundado en l596 junto a la Puerta de la Macarena por Fray Buenaventura Calata Girona. En el año l600 se trasladó definitivamente a la calle de San Vicente a unas casas a las que se añadieron las pertenecientes al Hospital de San Pedro y San Pablo. Contó con enfermería, estudio de teología y noviciado. El pintor sevillano Diego de Silva Velázquez realizó para el convento el lienzo de la 'Imposición de la casulla de San Ildefonso'. Durante la guerra de la independencia fue convertido en cuartel. En l8l3, regresan de nuevo los franciscanos, que permanecen en dicho recinto hasta la desamortización eclesiástica, que convierte la mayorÍa de las dependencias del convento en casa de vecinos. En el compás del convento estuvo el taller de la fundición Barbizón en el siglo XIX. En la actualidad viven seis frailes. Está dotado de un excelente Archivo Provincial de la Orden franciscana. La iglesia fue obra del arquitecto Diego López Bueno (l627), aunque tras su muerte fue terminada por el maestro Andrés de Oviedo en l650.

LA ARQUITECTURASANTA ANA. SIGLO XVII.

La portada de la nave de la Epístola data del primer tercio del siglo XVII y obedece a los principios de sencillez franciscana: estructura adintelada con pilastras y frontón curvo con estípites. En el paramento, un retablo cerámico realizado en l948 por Enrique Orce en cuyo centro está la imagen de San Antonio y a ambos lados oraciones que ayudan a recuperar los bienes perdidos. Sobre la nave central, se disponen espadañas del siglo XVIII. Bajo la mayor, un retablo de azulejo con la aparición del Niño Jesús a San Antonio. La espadaña más pequeña tiene una campanilla que sirve para convocar a los frailes a los oficios divinos. El interior de la iglesia es de tres naves, divididas en cuatro tramos, con crucero, presbiterio y coro a los pies. La nave central se sostiene con arcos fajones, apoyados en pilares con pilastras, rematadas por bóvedas de cañón con lunetos. El tránsito a las naves laterales se hace por arcos de medio punto con tribunas. El crucero se cubre con una cúpula sobre pechinas con yeserías sin tambor ni linterna. Las naves laterales con bóvedas vaídas. Llaman nuestra atención las policromadas pinturas murales rescatadas en la capilla mayor y naves laterales del siglo XVIII.

DOLOROSA. CÍRCULO DE PEDRO DE MENA.EL RETABLO MAYOR. LA INTEGRACIÓN SOCIAL FRANCISCANA

Procede del Convento de San Felipe de Neri (l706). Fue diseñado por Bernardo González y Mateo Bermudo. Consta de banco, dos cuerpos con tres calles y el ático. Los elementos de decoración son columnas salomónicas, estípites y ángeles atlantes. La estructura es de un gran dinamismo con alabeo del entablamento. En el ático un Crucificado del siglo XVII de tres clavos. A sus lados, santos terciarios franciscanos. En la calle central, la imagen de vestir de Nuestra Señora de la Palma, dolorosa sevillana de cedro con ojos de cristal y pestañas postizas con dos lágrimas que recorren sus mejillas. Candelero de ocho listones y manos extendidas con pañuelo. La advocación se relaciona con el Cantar de los Cantares 'Parecido es tu talle a la palma', la palma que San Gabriel le entrega a María tres días antes de su muerte, su procedencia de San Juan de la Palma, e incluso se vincula a la inmortalidad. El Eclesiastés da a la palma un sentido protector contra los embates del Diablo o la muerte inesperada. Sobre ella, San Antonio de Padua, talla de Felipe de Ribas (l642). Viste hábito pardo ceñido con cordón. El santo portugués (l23l) acoge de forma cariñosa al Niño Jesús en su regazo. Nos recuerda los altares de San Antonio que el l3 de junio se llenan de flores en muchos pueblos de Andalucía, Hispanoamérica e Italia. El estofado es magnífico, así como el dinamismo de los paños. En las calles laterales, agrupados en dos pisos, figuran San Francisco y Santo Domingo, y Santa Coleta y San Benito de Palermo. La primera es una terciaria franciscana, que vive en el siglo XIV en un convento de clarisas y cuyo atributo es una alondra. San Benito fue hijo de esclavos africanos. Más tarde pastor, labrador y anacoreta (l589). Viste hábito pardo ceñido con el cordón. Ancha tonsura y cabello corto y rizado propio de los negros. En el lado del Evangelio descubrimos un púlpito de mármol (siglo XVIII) con esculturas de San Buenaventura y San Antonio.

LA HAGIOGRAFÍA

Esta iglesia conventual está llena de ejemplos didácticos propios de la militancia franciscana. En la nave de la Epístola los altares de Santa Ana, San Francisco y San Juan Evangelista. En el primero, fechado en el siglo XVII, sorprende la iconografía medieval de Santa Ana que porta a la Virgen con el Niño Jesús. En las calles laterales, San Diego de Alcalá y San Francisco (siglo XVII). Diego de Alcalá fue un franciscano andaluz que practicó la caridad con los pobres y enfermos. Un altar neoclásico (siglo XIX) cobija en el centro una escultura de San Francisco y a sus lados San Sebastián del círculo de Hita del Castillo y una imagen moderna de la Virgen de Fátima. San Sebastián se representa como un joven imberbe con las manos atadas al tronco de un árbol que tiene detrás, ofreciendo su torso a las saetas del verdugo. En el retablo de Nuestra Señora de los Ángeles (XVIII) hay tallas de San José y San Luis Gonzaga en las calles laterales y San Juan Evangelista en el ático. A los pies de la iglesia, la bellísima talla de San Juan Evangelista de Luis Álvarez Duarte, de l972, acompañado por los Santos Varones Nicodemo y José de Arimatea. En el crucero de la Epístola, un retablo con los santos Expédito y San Nicolás de Bari modernos. En la nave del Evangelio destacan la capilla de San Antonio (siglo XVII) y el retablo de San José y San Joaquín.

LA ICONOGRAFÍA MARIANA

La iglesia conserva un amplio elenco de advocaciones marianas. En la nave de la Epístola, una Virgen de Guadalupe moderna, una Inmaculada, y Nuestra Señora de los Ángeles, escultura de vestir que preside un retablo barroco (siglo XVIII). En la nave del Evangelio, la Asunción y la Divina Pastora, obras de José Montes de Oca según el escultor Antonio Torrejón. Es una talla sedente en tamaño natural tocada con sombrero pastoril. El rostro inclinado hacia el lado derecho y la disposición de las manos recuerda su relieve de la Adoración de los Magos de Cádiz. En la sacristía, sobresale el busto de una Dolorosa de escuela granadina.

LA ICONOGRAFíA DE CRISTO

Son numerosas las versiones de Cristo Crucificado de tres clavos como el que preside el ático del Retablo Mayor, el que se conserva en la sacristía del siglo XVII, y el Cristo del Buen Fin, obra de Sebastián Rodríguez, titular de la Hermandad, fundada por el gremio de curtidores en l590, al que se dedicó un página en nuestro Suplemento nº 19.

Todos los años en unión a mi hermano José, nos deleitamos con su discurrir procesional por las calles del barrio. Es posible, además, contemplar un relieve de Dios Padre y un lienzo del Cristo de la Humildad.

Desde este rincón sevillano del barrio de San Vicente enviamos un afectuoso recuerdo al entusiasta presidente del Ateneo, Antonio Hermosilla, fallecido hace unos días y cuyo aliento aún está vivo en el corazón de cuantos lo conocimos.

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La sentida realidad de Manuel de Gracia

MANUEL DE GRACIA.... EL PINTOR EN SU ENTORNO.

La pintura que observé detenidamente en la madrileña galería Ansorena es de las que denuncian el 'arte' fácil, el arte vulgar que respaldan fortunas rápidamente adquiridas, el 'arte' apresurado, que conduce a la deshonra de ser pintor. Advierte también al verdadero amante del arte, de la desconfianza que es preciso tener respecto a los nuevos nombres, que no deben más que a la publicidad su pobre reputación pasajera.‘CANAL DE AMSTERDAM. HOLANDA’. ÓLEO SOBRE LIENZO.

Con su manera de hacer, Manuel de Gracia es también de los pocos que siguen resistiéndose a la terrible marea del mal gusto, al amaneramiento, y al vértigo que produce la pintura comercial.

Unos cuantos toques, certeros y precisos, dados con maestría, bastan para animar la luz y el color, la distinción y la serenidad, la elegancia toda que se apodera del conjunto. Todo, envuelto en una suprema belleza.

La poesía de esta pintura que hemos visto, es algo que no tiene nada que ver con la literatura ni con todo eso que a veces se confunde y envilece los conceptos. Esta dimensión lírica de Manolo de Gracia es una medida de la belleza a la que ha llegado por una misteriosa y acaso sencillísima cercanía, una cercanía a la que muchos no pueden llegar, ni tampoco acercarse a la verdad que en ella palpita.

Manuel de Gracia nos da en esta exposición una completa lección. Lección de vocación, plena, amorosa y decidida por su oficio. Lección de técnica depurada y progresiva. Lección de sensibilidad. Intimismo de sensibilidad que encuentra en su pintura el mejor medio de manifestarse.

En cada uno de los aspectos formales de su pintura encontramos las esenciales características del maestro: luz y color. Color que domina las formas, que vibra sobre la materia. Luz y color en una vibrante realidad. Origen, fuerza y fin. Claridad absoluta de sentimiento.

‘OTOÑO EN BRUJAS, BELGICA’. ÓLEO SOBRE LIENZO.La pintura de Manuel de Gracia es un lenguaje, un vehículo expresivo, un sutilísimo medio de comunicación del artista con el mundo que le rodea, con nosotros, consigo mismo. Lo que ocurre es que todo lo expresado brota de la pintura misma. En la pintura-que-no-es el mundo exterior lo protagoniza todo, y la materia coloreada no es más que un forzoso medio efigiador. En la pintura-que-es continente y contenido se completan irreversiblemente: cada expresión se corresponde, y no sería posible separarlas sin grave riesgo de deshacer lo pintado. Cinco centímetros de 'Las Meninas' será un pedazo de materia fabulosa, pero 'Las Meninas' son mucho más, infinitamente más. Si aislamos un fragmento de cualquier cuadro de Manuel de Gracia tendremos, claro que sí, un pedazo de pintura pintada por un pintor, pero no tendremos el paisaje. Esto es menos obvio de lo que parece.

Tierras y cielos componen desde la pintura un mundo veraz, un mundo creado por el pintor, un mundo que debe toda su eficacia a su expresión propia. La pintura ha asumido el espíritu de la tierra y nos devuelve su imagen humanizada ya, acentuada personalmente por el artista, originalmente traducida, recreada.

Un sentimiento creacional informa estos cuadros de brillante lenguaje y humanísimo sentido. El paisaje ha trascendido su mismidad de mero testimonio. Tampoco es vano ejercicio de repetición. Cada cuadro es único, porque su momento espiritual es único también, y por eso tiene este pintor la vitalidad y la juventud que tiene.

Por eso no hay amaneramiento en él. Por eso, sin traicionar concepto creativo, puede él evolucionar, avanzar, ser otro cada día sin dejar de ser aquel que originalmente era.‘MAÑANA SOLEADA. PRAGA’. ÓLEO SOBRE LIENZO.

He aquí, como en el Cézanne de L'Estaque, como en el Nolde de Marais, como en el Bonnard de las playas de bajamar, sutilmente citadas la sensibilidad pura y la clarísima razón. Un artista como Manuel de Gracia es de los pocos que pueden ofrecernos la emoción del paisaje y su racionalización más lúcida, y por eso cito a otros pintores del mismo talante: Nolde, Cézanne, Pierre Bonard.

Del mismo talante, pero con otros propósitos. Paisajes, en una palabra, plenos de sensibilidad, de unas tierras que son a la vez silencio y misterio, luz y color.

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Juan Foronda: "Sevilla es un oasisdentro del gran desierto del mundo"RELIEVE DE MARFIL DE LA ÉPOCA DE FELIPE II (1575). MARCO DE CONCHA CON INCRUSTACIONES DE MARFIL.

 

Desde que allá por los años veinte el padre de quien hoy es protagonista de nuestro relato crease su propia empresa un pequeño taller con tan sólo treinta metros cuadrados dedicado a la confección de mantones hasta nuestros días, la industria, el mundo empresarial, las tendencias artísticas y los gustos estéticos han sufrido numerosos cambios. Tras finalizar sus estudios de bachillerato en la que era entonces Escuela de Comercio, Juan Foronda se inicia en el negocio familiar convirtiéndose en único heredero de un sello que en aquellos momentos empezaba a gozar de un cierto prestigio en nuestra ciudad. Cincuenta años dedicados al mantón y la mantilla española avalan este negocio y a este empresario, ambos fuertemente arraigados a las costumbres y tradiciones que constituyen la vida social y cultural sevillana.

CUADRO DE LA ESCUELA HOLANDESA DEL SIGLO XVII Y CANDELABROS DE PLATA, OBRA MAESTRA DEL BARROCO.Durante los primeros años los talleres de bordados se encontraban exclusivamente en algunos pueblos del Aljarafe sevillano Villamanrique o Aznalcóllar y los flecos sólo se confeccionaban en una escuela taller de Cantillana. Pero poco a poco van creciendo y surgen nuevos talleres. "La confección de mantones es una tarea puramente artesanal, pero llega a convertirse en artística cuando se trata de un diseño exclusivo". Durante la década de los setenta China, principal productor mundial de la seda, vuelve a confeccionar mantones y en poco tiempo se adueña del mercado. La que hasta entonces había sido una empresa netamente andaluza comienza a exportar su producto por todo el mundo. Juan Foronda se marcha decidido a China, donde crea su propio taller y comienza a introducir sus diseños. "Nuestro prestigio se debe a haber sabido actualizar la fábrica sin perder nunca nuestras raíces. Si no te vas desarrollando día a día te quedas atrás y entonces estás perdido. He viajado por todo el mundo, he recorrido España miles de veces y tengo buenas relaciones en todo el país. Pero es, sin duda, en Sevilla donde los mantones de Foronda son más conocidos". Mantillas, mantones y flecos eran confeccionados en los ratos libres por un grupo de personas que durante todo el día trabajaban en otros menesteres. "A pesar de todo, nuestros precios seguían siendo muy superiores a los chinos. Lo que allí valía diez aquí costaba cien". Esta fuerte competencia derivó consecuentemente en un abaratamiento y el mantón se convirtió, a partir de esos momentos, en una prenda asequible para la clase media que empezaba a disfrutar de ella. "El mantón resalta la belleza de la mujer sevillana".JUAN FORONDA POSA EN SU CASA JUNTO A UNA INMACULADA DE LA ESCUELA SEVILLANA DEL SIGLO XVIII DE UN DISCÍPULO DE DUQUE CORNEJO.

Siendo Filipinas colonia española, el célebre galeón de Manila trae a nuestro país el tradicional mantón. Las mujeres españolas lo adaptan a nuestra cultura y cambian los caracteres chinos caritas de nácar, aves del paraíso, pagodas... por caracteres españoles grandes rosas, claveles, etc. . "Cualquier mujer puede lucir un mantón siempre que sepa elegir. Cuando veo a una mujer inmediatamente sé el mantón que le va". El amor y la plena dedicación que Juan Foronda ha prestado durante toda su vida al mantón han sido heredados de su padre, figura principal en su vida y que ha ejercido una enorme influencia en su existencia y en su faceta profesional. "El mantón es una alhaja. Para mí la feria es un deleite porque durante esos días compruebo los espléndidos mantones que hay en Sevilla". Hoy la tradición familiar se hace patente en esta empresa donde encontramos trabajando a dos de sus hijos. "Heredé de mi padre un pequeño negocio y hoy me siento orgulloso al ver cómo ha crecido".

CRISTO DE MARFIL DE LA ESCUELA ITALIANA DEL SIGLO XVII.Juan Foronda, para quien "Sevilla es un oasis dentro del gran desierto del mundo", se muestra como un auténtico enamorado de nuestra ciudad y de todo lo que en ella acontece. "Me gusta pasear por Sevilla aunque no tengo todo el tiempo que quisiera para hacerlo". A lo largo de su vida ha estado muy vinculado al mundo de las hermandades, heredando de su padre unas fuertes convicciones religiosas y ese amor por las cofradías. Vinculación no sólo personal, sino profesional, pues en Semana SEISE REALIZADO POR MANUEL RAMOS CORONA.Santa la mantilla protagoniza parte de la vida social sirviendo de adorno a la mujer sevillana. "En Jueves Santo, Sevilla reluce como el sol. Es de sabios rectificar y nuestras mujeres supieron rectificar a tiempo y darle importancia a una prenda tan netamente sevillana como es la mantilla que adorna de esa forma tan divina a la mujer". Juan Foronda vive durante todo el año con intensidad el ambiente cofrade, hecho que le ha propiciado una serie de conocimientos y numerosas relaciones personales. "La Semana Santa en Sevilla, donde siempre ha tenido gran protagonismo la religiosidad popular, es la expresión plástica de la vida interior de las hermandades". Durante cinco años fue hermano mayor de la hermandad del Buen Fin "el hermano mayor debe ser como un padre para el resto de los hermanos, corregir los fallos y ser el primero en felicitar una buena obra" , ocupó la vicepresidencia del Consejo General de Hermandades y Cofradías y es también hermano de La Cena, de la Virgen del Pilar hermandad de gloria de San Pedro y de Montserrat, a la que está muy ligada su mujer. A través de la hermandad del Buen Fin Juan Foronda, junto a otros hermanos y siguiendo el proyecto del neurólogo Sebastián Barrera, fundaron el Centro de Estimulación Precoz, donde ejerce como director desde hace algo más de tres años. "Soy un cristiano activo, por eso siempre participo en labores sociales". En sus inicios trabajaban en la Sala Capitular de la hermandad hasta que accedieron a un centro propio donde en la actualidad un equipo de profesionales, formado por psicólogos y médicos especializados, trabaja con sesenta niños. "Aunque el fin prioritario de las hermandades sea dar culto externo a Dios, pues para eso se formaron en los tiempos de la Contrarreforma, la labor social es elemental. Si queremos que el culto sea completo, tiene que existir una caridad. En la hermandad del Buen Fin también ayudamos a las familias necesitadas de la feligresía y a las monjas de clausura, sobre todo, a las del barrio de San Lorenzo". Además de participar de forma activa en el mundo cofrade y en las labores sociales de las hermandades, Juan Foronda dedica su tiempo a la lectura relacionada principalmente con temas sevillanos; la música clásica y las marchas procesionales; al arte, de ahí que entre los objetos que forman parte de la exquisita decoración de su casa encontremos piezas de enorme valor artístico. Un relieve de marfil que representa el Descendimiento de Cristo, perteneciente a la escuela holandesa de la época de Felipe II (1575); varios cuadros holandeses de los siglos XVII y XVIII; un Cristo crucificado de marfil, que se encuentra sobre la cabecera de su cama; una Virgen gótica de alabastro; un juego de candelabros de estilo barroco; y una Inmaculada de la escuela sevillana del siglo XVII. Todas estas piezas producen un efecto singular en casa de Juan Foronda y fueron adquiridas por este empresario, antes de contraer matrimonio, en Andrés 'El Moro', uno de los mejores anticuarios sevillanos. "Cuando entraba en su casa me maravillaba contemplar tantas obras de arte. Y en ocasiones, dentro de mis posibilidades económicas, adquiría aquello que más me gustaba". Pero, sobre todo, a su familia que le produce una enorme satisfacción. "Me encanta desayunar en casa con mi mujer y mis hijos. Tengo una mujer estupenda y cuatro maravillosos hijos. Soy un hombre feliz, me siento orgulloso de mi familia y de tener un negocio vivo y en continuo crecimiento". Felicidad y orgullo que transmite su rostro sereno y maduro, del mismo modo que el buen hacer y el buen gusto han marcado su existencia como empresario afamado y de prestigio pero, ante todo, como ser humano.

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Hospital de la Sangre

PORTADA PRINCIPAL DLE HOSPITAL DE LA SANGRE. JUAN BAUTISTA Y HERNÁN RUIS ‘EL JOVEN’ (1546).No de los espacios más desconocidos por los sevillanos, pero no por ello menos transitado es el Hospital de la Sangre, actual Parlamento de Andalucia. Ubicado entre las murallas árabes, la Basílica de la Macarena y el Hospital Universitario, son pocos los que se acercan a contemplar la lección manierista del saber hacer de sus fachadas, torres e iglesia. Los que se adentran en él podrán comprobar lo que digo. Luis de Peraza en su 'Historia de Sevilla' (siglo XVI) refiere que el Hospital de la Sangre fue fundado por la magnífica señora doña Catalina de Rivera, madre del ilustre Don Fadrique Enríquez de Rivera, marqués de Tarifa y Adelantado de Andalucía y que "en él son curadas solamente las mujeres de cualquier enfermedad, sacada la de las bubas. Hay cada año en él un jubileo, a culpa y a pena, desde la víspera de San Gregorio hasta otro día puesto el sol".

La portada que hoy nos ocupa tiene un exquisito diseño. En su primer cuerpo se disponen cuatro columnas dóricas, que enmarcan un vano de medio punto, y soportan un entablamento con triglifos y metopas; detalles que se toman del clasicismo griego. En las enjutas y sobre la clave del arco, se sitúan tres relieves de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, ejecutadas por Juan Bautista Vázquez, en l564. La iconografía de la Fe la representa como una joven mujer, armada con alas, sol en el pecho, lanza en la mano derecha y en la izquierda y una corona de laurel. Lleva los ojos vendados. Otras veces aparece sedente con la cruz en una mano, y el cáliz en la otra. La Esperanza está ejemplificada en una mujer joven con ancla marinera a un lado y la palma en la otra mano. La norma esencial de la vida del cristiano es La Caridad. Al igual que las anteriores adopta forma femenina. En esta ocasión como Tellus en el Ara Pacis lleva niños en su regazo. En otras ocasiones, una lámpara, y una llama que asciende hacia arriba. El profesor Santiago Sebastián considera que la Caridad Romana está inspirada en composiciones miguelangelescas por su desnudo mórbido y el suave modo de plegar las telas. Juan Bautista Vázquez será el propagador del estilo naturalista, idealizado con rasgos manieristas, tomados de Berruguete pero a diferencia de su maestro, mantenidos dentro de un equilibrio formal. En Sevilla nos dejó algunas escenas del retablo mayor de la Catedral de Sevilla, la Cartuja de las Cuevas y la iglesia de Santa María de Carmona. El mensaje es acertado, pues tiene plena validez en su época y en la nuestra, en su función sanitaria y en su quehacer político.

En el segundo cuerpo, hay dos parejas de columnas con capitel jónico, y hornacinas semicírculares, que soportan un frontón triangular recto con jarrones. Todo el espacio se articula en dos plantas, enmarcadas por pilastras y columnas de orden toscano donde se combinan hábilmente hojas de acanto y volutas. En el piso alto, los vanos rectangulares van flanqueados por balaustres, y coronados por frontones con pináculos. Se trata de un hospital fundado en l500 por doña Catalina de Ribera, en unas casas de la calle Santiago. En l540, por decisión testamentaria de don Fadrique Enríquez de Ribera se procede a celebrar un concurso entre arquitectos para la construcción de un nuevo edificio cerca de la Puerta de la Macarena. Sus trazas fueron obra de Martín de Gainza y Hernán Ruiz Simetría, orden y proporción organizan un espacio donde se mezclan sutilmente las teorías de Alberti, la herencia de Roma en el aparejo de los sillares y la decoración del mundo griego. En esta portada, Hernán Ruiz 'el Joven' expone su deseo de perfección clasicista donde demuestra que ha aprendido el lenguaje del Manierismo a través de Serlio. Lo aprendido aquí le permitió culminar con acierto el campanario y remate que se añadió a la Giralda (l568). Este afán verticalista no es barroco, es un impulso goticista que lleva en su interior el Manierismo. Una sabia combinación del carácter didáctico y moral de la España renacentista y la herencia del clasicismo romano. Una obra digna de una época en la que Sevilla fue por derecho capital del mundo.

 

 

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