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Rafael Carrión
Presidente del Sevilla FC
El mandatario no ha vivido una temporada
fácil. Su gestión ha sido discutida
en todos los frentes aunque en su haber queda para
siempre la apuesta que hizo por Marcos Alonso, aun
en los tiempos de mayor crisis. La manera de capear
la agresión de Lopera ha sido de lo mejor
que se ha visto en Sevilla en los últimos
tiempos, marcados por la indigencia mental de los
dirigentes del fútbol.
Consejo de
Administración
Herminio Menéndez
(Director general)
Eduardo Arenas
(Secretario)
José Martín Baena
(Vicepresidente)
Augusto Lahore
(Consejero)
Manuel Álvarez Palacios
(Consejero)
José Castro
(Consejero)
Enrique González Merino
(Consejero)
Joaquín Morales
(Consejero)
Pedro Cárdenas
(Consejero)
Carmelo Gómez
(Consejero)
Juan Romero Lafitte
(Consejero)
Juan Silverio de la Chica
(Consejero)
Américo Govantes
(Consejero)
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Sebastián Corona
Macarino
Entró en la plantilla por la
puerta de atrás y no ha demostrado
nada especial en los encuentros que ha
disputado.
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David Cañas
Marcos lo subió por sorpresa al
primer equipo y se erigió en un
pilar defensivo hasta que lo perdió
su mala cabeza.
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Manuel Ángel
Ángel Esteban
Debutó ante una plaga de bajas
en el Cerro del Espino pero el regreso del
insustituible Héctor lo sacó
del equipo.
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Alfredo Santaelena
Aguado
Aquejado buena parte de la temporada
de problemas físicos, no le
devolvió a Marcos la confianza que
tenía en él.
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Carlos Gabriel Correa
Viana
Más sombras que luces en la
primera mitad del año, en la que
fue titular. Sus lesiones y Francisco lo
abdujeron.
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Ivan Juric
Otro de los castigados por las
lesiones, se recordará más
su golazo al Éibar que su
prestación global en la
temporada.
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Patricio Rubio
Bernal
Otra de las decepciones. Pocas veces
titular, su presunta calidad no se vio por
ninguna parte en los minutos que
jugó.
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Francisco Lama
Debutó el día que
empezó la escalada. De dudosas
virtudes, se mantiene más como
talismán que por sus
cualidades.
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Óscar Silva
Subió con Francisco pero no
gozó de la continuidad de su
compañero a pesar de ser un zurdo
de excelentes maneras.
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José
María Quevedo García
Las tarjetas han sido el único
lunar de un futbolista que llegó
para aportar carácter y se
convirtió en el líder del
equipo.
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Milorad Ratkovic
Era el hombre de Castro Santos y, con
la salida del gallego, también
salió él. No demostró
nada en lo poco que
jugó.
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Vassilis Tsartas
La estrella. Una veintena goles, otras
tantas asistencias y una motivación
insólita lo han convertido en un
gran futbolista.
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Dejan Vukicevic
Sólo había aparecido en
Copa cuando se le dio la baja para incluir
a Olivera. Se irá sin que se sepa
por qué vino al
Sevilla.
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Miklos Molnar
Su actitud mejoró con respecto
al año pasado y colaboró con
entusiasmo en los partidos que tuvo
ocasión de jugar.
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Jesús Mora
Nieto
La falta de gol y la irregularidad
impiden su explosión como
futbolista. También ha tenido
algún problema de
lesiones.
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Rachid Rokki
Demostró cositas en lo poco que
jugó. No concederle oportunidades,
una de las pocas pegas al trabajo de
Marcos.
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Andrés
Nicolás Olivera
Llegó en un lamentable estado
físico pero ha demostrado que el
técnico no depositó su
confianza en él en vano.
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Gabriel Moya Sanz
Hasta el tramo final no se ha hecho
con un puesto de titular gracias a su
regate y a su capacidad para provocar
faltas.
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Juan Carlos
Gómez Díaz
Sostuvo al equipo con sus goles en el
peor tramo de la temporada. Buen
año para otro que entró por
la puerta trasera.
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Igor Gluscevic
El pichichi saliente firmó una
temporada nefasta en la que se
convirtió en la gran
decepción para todo el
sevillismo.
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Domingo de
Resurrección y agitada
mañana de fútbol en el
coliseo nervionense. El divorcio entre el
Sevilla y su afición se
había recrudecido. El decepcionante
empate a dos final dio origen a un
pesimismo generalizado.

Uno de los días claves de la
temporada. El Sevilla, tras una gran
remontada, caía con polémica
en Los Pajaritos.

Málaga. Uno de los desplazamientos
que el Sevilla y sus aficionados
tardarán tiempo en olvidar. La
rivalidad existente derivó en unos
enfrentamientos que produjeron decenas de
heridos. La victoria aseguró la
promoción.
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Cuando el tren
del ascenso parecía
alejarse definitivamente, el
Sevilla dio un importante golpe
de efecto a sus aspiraciones
ganando a domicilio al
Éibar por 1-3. La
esperanza seguía viva.

El bombo
hizo que el Sevilla disputase el
primer partido de la
promoción en El Madrigal
ante el Villarreal, donde, con
Tsartas en figura, dio un paso
definitivo para el ascenso a
Primera
División.
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Tres días de tensa
espera
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Si
algún avispado fanático
aludía al fin de la historia en
vísperas de la nada, el
último silbido de Esquinas Torres
en El Madrigal marcaron el comienzo del
fin del final, valga la redundancia. El
comienzo porque se iniciaba la cuenta
atrás (el fin) para dar por
terminada (el final) una pesadilla de
setecientas noches, con sus setecientos
larguísimos días. Las
últimas líneas de una
crónica negra que se empezó
a escribir cierta tarde de junio en la
bella ciudad de Oviedo. En la tensa espera
de los tres días que mediaron entre
el choque de Villarreal y la
consumación del ascenso, no ha
habido ni un ápice de
alegría. Ésta se
disparó el miércoles por la
noche y quedará instalada hasta que
la nueva temporada empiece a rodar con sus
alegrías y sinsabores. Esas setenta
y dos horas estuvieron presididas por la
rabia, por el grito de desahogo contenido
en la garganta durante dos años de
humillantes procesiones por los más
tristes escenarios que imaginar se puedan.
No había alegría en los
hinchas que trasnocharon para recibir al
equipo en el aeropuerto; había
tensión que se quería
trasmitir a los jugadores para que no se
relajasen. No había alegría
en las colas (bueno, en las colas
había calor y cabreo), sino
esperanza. Durante el partido de ayer, no
había alegría. Había
nervios porque pesaba lo más negro
de la historia. Un cóctel de
sentimientos exacerbados por la
necesidad.
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El
día que se sintió
lo que sienten los
campeones
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Alguien
muy joven preguntaba un buen
día por qué el Real
Madrid, el Barcelona, el
Deportivo, el Extremadura, el
Valencia, el Numancia, el
Atlético, el Zaragoza o el
Villarreal,
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por citar
sólo algunos ejemplos,
habían conseguido que sus
aficionados saliesen a la calle a
celebrar alguna gesta por dispar
que ésta que fuera,
mientras el Sevilla, un club por
el que en los últimos
años pasaron futbolistas
de la talla de Maradona,
Suker,
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Polster,
Zamorano, Simeone, Francisco o
Ramón, entre otros, nunca
lo había logrado, salvo
tras una clasificación
para la UEFA gracias al
oportunismo de Alfredo o el
golazo del de Osijek en Grecia.
Sutil pregunta para
difícil respuesta. Los
sevillistas
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más
jóvenes, pese a que su
equipo se codeó con los
más poderosos muchas
veces, nunca habían tenido
la oportunidad de sentir lo que
sienten los vencedores... hasta
el miércoles. Ahora ya lo
sabrán. Que sólo
sea el comienzo de una
época.
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Y por fin llegó
el despertar de una triste y larga
pesadilla
Pues bien, todo ha terminado,
todo acabó, esta pesadilla, ¡Dios
mío qué pesadilla!, por fin ha
terminado. La historia se encuentra consigo misma,
la categoría acaba de empatar con el destino
y la ciudad recupera su nombre y le da al
río la importancia que siempre ha tenido,
recupera su bandera, y a su máximo embajador
por las ciudades de toda España y por las de
Europa, el enigma está resuelto.
Dicen que los reencuentros son
mejores que los encuentros, no lo sé,
sólo sé que en algún lado de
esta ciudad hay una persona que está feliz,
que es feliz, que va por la vida con la
sensación de haber coronado el Everest, de
haber subido a la cima más alta del mundo,
de haber sacado un paso de palio por las calles de
San Francisco; pero el esfuerzo ha merecido la
pena. Salir de donde un día lo meterieron
sin tener culpa de nada, tan sólo la de
identificarse con unos colores y sentirlos. Pero en
fin, como todos sabemos, la vida cambia, como
cambia el viento, él fue ese elemento que
cuando dio la espalda y dijo basta se plantó
ante una entidad grandiosa y puso una gran cura de
humildad de castigo para todo aquél que se
sintiese identificado con los colores de algo
más que una empresa: un
sentimiento.
Una cura que han sufrido hombres
y mujeres en el trabajo, con los amigos... y los
niños, esos niños que nunca tienen
culpa de nada, pero que siempre son los más
perjudicados, esos niños que en la escuela
han visto cómo no podían competir con
los otros ni cuando decían lo que le
escuchaban decir a su padre; esos niños que
lo único que podían hacer era mostrar
con orgullo de otra categoría la ropa del
equipo que sin saber bien el porqué los
tenían castigados sin derecho a
réplica y con la asignatura de la impotencia
aprobada con sobresaliente. Pero el curso ha
terminado, lo que han aprendido no viene en
ningún libro ni lo enseña
ningún profe, pero lo que sí saben es
que el año que viene tendrán el mismo
derecho que los demás, que el castigo se lo
habrán levantado y, sobre todo, que su
equipo es otra vez de Primera.
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